Bajo la misma estrella

Ayer fue uno de esos días que me apetecía ver una película. Fui a la biblioteca (ese sitio donde en España siempre encontrarás donde sentarte excepto si es época de exámenes en la universidad), y escogí un DVD al azar en la sección de audiovisuales. Tuve la dramática suerte de escoger una película americana de nombre Bajo la misma estrella. Digo dramática porque la peli en cuestión era un dramón, no porque la historia me resultase indigesta. Todo lo contrario. Me resultó moderna, ágil y, en algunos aspectos, positiva.

La película, al parecer, está basada en una novela de un escritor americano, John Green. Un señor que quiso reflejar en su libro el aspecto más cruel de ese simple y, a la vez, complejísimo hecho que es la vida. Os cuento: un par de adolescentes creciditos tienen la mala fortuna de haber nacido “bajo la misma estrella”, una estrella de mierda. Bombona de oxígeno para ella, una pierna menos para él. Los dos tienen esa enfermedad tan bestia que nos acojona a todos. Esa enfermedad cuya sola pronunciación ya nos amarga el alma. Creo que cualquiera ya sabe de lo que hablo. Sí, me refiero al cáncer. Sin duda.

Hazel Grace y Augustus Waters son los protagonistas de la película (y del libro). Entre ambos surge el amor de inmediato. Esa atracción física y mental que brota nada más encontrarse. Como Rafael y Sara en La leyenda de Lunanegra. Como a mí me gusta. ¡Zas! Te vi y me enamoré. Hasta aquí, sensaciones contrariadas. Por un lado, la jodienda del cáncer, por otro, la increíble emoción del amor. Entonces, llega el momento de plantearse una interesante cuestión. ¿Se puede amar cuando te estás muriendo? ¿Se puede vivir sin pensar en otra cosa que no sea la angustiosa, cercana y todopoderosa muerte?

John Green nos ha querido decir que sí. Gracias, John. Su mensaje es muy directo. Aprovecha el tiempo que tienes, pues eres mortal y efímero. Vive la vida. Siente, besa, ríe. Ama y deja que te amen. Como Hazel Grace y Augustus Waters. Dos personas demasiado jóvenes para morir. ¡Qué injusta es la vida!

Hazel y Augustus son incapaces de ver el mundo como lo hacen los afortunados sanos. Ellos son conscientes de su mortalidad. De nuestra mortalidad. Saben que hay un vacío al final del camino y no se puede saltar. Es insalvable. Deben madurar. Disfrutar rápidamente de aquello que muchas personas tienden a despreciar por disponer de todo el tiempo del mundo. Sus padres observarán impotentes, tristes, como se apagan sus vidas de una forma cruel. Solo queda dejarles vivir. Apurar cada minuto de su vida. Es, entonces, en estos instantes, cuando los sanos debemos ser conscientes de la inmensa suerte que hemos tenido. Tenemos derecho y obligación de disfrutar plenamente de nuestra existencia. Por los miles de Hazel Grace y Augustus Waters que no podrán hacerlo. Los sanos debemos agradecer nuestra buena estrella.

bajo la misma estrella

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