Los peligrosos libros de autoayuda

Cada vez son más las personas que me dicen que están leyendo un libro de autoayuda. Algunos incluso me han pedido consejo o alguna recomendación. Como escribió Dumas en boca de Athos:

—En general, no se piden consejos —decía— más que para no seguirlos; o, si se siguen, es para tener a alguien a quien se puede reprochar el haberlos dado.

Si bien yo tengo cuidado de dar consejos, el mismo cuidado o más deberían tener quienes leen libros de autoayuda. Personalmente, no soy un seguidor ni un detractor. No me parecen ni bien, ni mal. Hace muchos años ya tuve la oportunidad de explorar unos cuantos y algunos me dejaron muy buen sabor de boca. Sin embargo, debo avisar, ya hace diez o doce años uno de estos famosos libros, uno de los más destacados, con más de cien mil copias vendidas y seguía subiendo… se descubrió que era un plagio. Los plagios son para los ladrones, los estafadores, las personas sin ideas. Y aquí es donde hay que tener mucho cuidado. Un estafador busca a las víctimas. Se mueve como una serpiente entre las pocas rocas del desierto y se aferra en su desesperación al primer tobillo desnudo que encuentra.

En la películas, comics o novelas del oeste americano solían aparecer charlatanes que montaban licorerías ambulantes en las que vendían elixires mágicos. Se autodenominaban doctores e iban ofreciendo su bebida milagrosa pueblo tras pueblo, con el peligro de ser alquitranados y emplumados si su elixir causaba mayores estragos del previsto. Por suerte para muchos de ellos, la colonización y las grandes extensiones les permitían ir de aquí para allá sin tener que pasar por los mismos sitios. Otros, en cambio, conseguían una mezcla en su remedio que alcoholizaba o drogaba de tal manera a sus víctimas/pacientes que la necesidad de que volvieran era increíblemente efectiva.

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Seguramente, también habría algún doctor europeo cuyos remedios tendrían una base científica o estudiada y cuya única intención fuese curar a la ingenua población de colonos. No obstante, hay que asumirlo, el mundo está hecho para los farsantes y, posiblemente, los verdaderos doctores pronto quedaron tapados, relegados u olvidados o, incluso, pagaron el pato de aquellos estafadores que pasaron por el mismo pueblo y dejaron secuelas irreversibles.

Cada cual que saque sus propias conclusiones.

 

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