Secretos de Lunanegra

Al principio del libro Rafael y Jesús se bajan de un viejo Renault Chamade. Los padres de mi amigo Javi tuvieron uno, que luego pasó a su poder. Se lo trajo a Madrid cuando ambos estudiábamos allí y nos salvó de algún que otro apuro. En el libro lo menciono así: <<Dejó la puerta entreabierta y contempló, una vez más, los bollos y arañazos. Quedaba latente que la madre de Jesús no cuidaba excesivamente el coche>>; y así: <<El destartalado Renault Chamade no poseía el fantástico climatizador del coche de su padre, un espléndido Jaguar púrpura que giraba más cuellos que una top-model>>. Estos coches que poseemos cuando somos jóvenes y no tenemos ni para pipas, luego nos dejan un buen sabor de boca en la memoria. ¡Un hurra por aquel Chamade!

En la obra hay un personaje de nombre romano, Publio Cornelio, el Relojero de los Cuentos. Su hijo se llama Escipión. Ambos nombres forman Publio Cornelio Escipión, el nombre de un famosísimo general romano. Un hombre importante en su época. El Relojero de los Cuentos debía llevar un nombre relevante. Decidí elegir el de este admirado romano, pues hacía pocos años que había leído la estupenda y belicosa trilogía de Santiago Posteguillo sobre el personaje.

<<Álvaro corrió al roído asiento del copiloto. Se quedó observando la tapicería negra. Se veía espuma verde saliendo por todas partes y faltaba el reposacabezas. Parecía haber sido parte del banquete de unas ratas. —Podías haber elegido otro coche… —protestó poniendo cara de asco>> La descripción corresponde a un viejo Ford Fiesta. Igual que el Chamade, este coche y su dueño me acompañaron en algunas cuantas locuras. Merecía una mención.

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